sábado, 19 de junio de 2021

Por qué se siente la mirada de alguien en la nuca


 Estás en un lugar público y de repente te invade una sensación de incomodidad que te pone alerta. Te vuelves y, justo a tus espaldas, descubres a alguien observándote fijamente. Ésta es una experiencia que reporta mucha gente y a la que se refiere con la expresión "sentir la mirada", equiparándola unos con algún tipo de percepción táctil (como un roce leve), y atribuyéndole otros un carácter extrasensorial o psíquico.

Como la mayoría de los fenómenos, ya sean del mundo físico o del espiritual o paranormal, éste tiene nombre: escopaestesia o efecto "mirada en la nuca". Esto sería la capacidad que tenemos de percibir de manera extrasensorial cuando alguien nos observa, aunque no lo veamos.

Mientras muchos lo dan por hecho, hay quienes relegan este fenómeno al sobrepoblado campo de la superstición. Personalmente, considero que, sin importar la cantidad de personas que afirman haber vivido el fenómeno, habría que valorar las pruebas científicas para constatar que la escopaestesia es real.

Al respecto, se han hecho experimentos muy similares en diversos lugares para comprobar, primeramente, que las personas sienten la mirada de otros que están a sus espaldas.

El experimento base suele consistir en colocar cierta cantidad de voluntarios de espaldas al observador y pedirles, uno a uno, que reporten si tienen o no la sensación de una mirada. Para que el observador decida observar o no a cada participante, se sirve de una moneda que va lanzando entre sus palmas.

Los resultados del experimento normalmente arrojan una tasa de aciertos cercana al 50%. Es decir, equivalente a que los voluntarios respondieran al azar. Con lo que, hasta hoy y salvo que algún día se diseñe un experimento más riguroso, no existe evidencia estadística de que la escopaestesia exista.

Lo que sí existe, no obstante, es una serie de argumentos para explicar por qué se produce el efecto "mirada en la nuca".


Aún conservamos una noción primitiva del fenómeno de la visión


En literatura, existen frases hechas que resultan más descriptivas que metafóricas. Se dice que alguien dirige la mirada hacia tal o cual cosa. Que alguien posó su mirada en tal lugar o persona. Esto no es gratuito y nos recuerda la manera en que se asumía el fenómeno de la visión en la antigüedad. Entre los filósofos presocráticos, sabemos que al menos para Pitágoras y Euclides los ojos eran emisores de algún tipo de flujo que, al dar con los objetos, producía su visibilidad. Si la mirada entonces estuviera dotada de materialidad, por ser algo que los ojos envían, nada tendría de raro que ésta fuera perceptible en la piel, aunque fuera muy sutilmente.

Al parecer, esta manera de entender el acto visual de hecho es espontánea durante la infancia. El psicólogo suizo Jean Piaget documentó la noción de que nuestros ojos son los que obran directamente sobre las cosas en relación con una etapa del desarrollo intelectual infantil. Esta forma de concebir el fenómeno evidentemente tiene arraigo en la cultura (piénsese en el "mal de ojo", por ejemplo), aun cuando ya se sabe que los ojos son órganos meramente receptores de la luz que los objetos reflejan.


Estamos condicionados para dar gran importancia a las miradas ajenas


La mirada es un aspecto importantísimo del lenguaje no verbal al que inconscientemente prestamos atención en todo momento. Cuando estamos entre desconocidos, es motivo de alerta. Las personas del género femenino saben en particular a qué nos referimos, dado el contexto de inseguridad y de pensamiento machista que impera en mayor o menor grado por doquier.

Descartando patologías de la mente, como la esquizofrenia o la paranoia, tanto mujeres como hombres estamos muy pendientes de las miradas y lo que éstas puedan significar.

Y cuando nos referimos a la mirada, incluimos no solo el acto de ver u observar con menor o mayor detenimiento, sino también los gestos con los que el rostro enmarca a los ojos cuando éstos captan o parecen captar algo.

Hemos aprendido a deducir hacia dónde miran los demás interpretando no sólo la posición de sus pupilas (somos quizás la especie con ojos cuya parte blanca es más grande y notoria, lo que facilita saber hacia dónde se torna la vista), sino también la disposición de la cabeza, los hombros y el torso en conjunto.

Si bien la mirada ajena puede representar el aviso de un peligro potencial, también suele dar la pauta para anticipar un acercamiento inocuo (la mirada nos advierte cuando alguien nos hablará, por ejemplo) o inclusive deseado. Como muchas otras conductas producto de la evolución, ubicar e interpretar las miradas ajenas puede ser asunto de sobrevivencia.

Esta condición, cuando estamos entre desconocidos, nos mantiene volviendo la cabeza de vez en cuando para comprobar o descartar que alguien más nos observa. El estímulo para voltear puede provocarlo un leve movimiento, una sombra o cualquier cosa interpretable como figura humana captada inclusive por la visión periférica.

El fenómeno suele reforzarse cuando, al volver la cabeza, alguien de atrás es motivado por ese mismo movimiento para mirarnos en ese instante y así crear la ilusión de que nos estaba observando de antemano. A partir de ahí, nos quedamos con la idea de que fue esa mirada la que nos provocó voltear en primer lugar.


El sesgo positivo


¿Y qué sucede cuando al volver la cabeza no había nadie observando o se trataba, por ejemplo, de un perchero, o una silueta dibujada en un muro? Pues obviamente se interrumpe el proceso y la vivencia no queda registrada como predicción fallida ni como nada en particular. Es más, quizás ni siquiera quede en la memoria.

El sesgo positivo es la tendencia natural que tenemos a tomar en cuenta sólo los eventos que confirman nuestras creencias y a descartar los que no. Es decir, por cada ocasión en que hayamos vivido una experiencia que nos confirme la capacidad que tenemos de sentir la mirada de alguien, quizás exista otra ocasión en la que se comprobó lo contrario, pero será lo mismo que no hubiera sucedido y seguiremos andando por la vida creyendo en la realidad de la escopaestesia.


Nota: la noción de Jean Piaget que mencioné como referencia está en su libro "La interpretación del mundo en el niño", de 1926.

jueves, 17 de junio de 2021

¿Son lo mismo las nubes y la niebla?


 Viajando en carretera, mientras ascendemos por un camino sinuoso rodeado de bosque, somos sorprendidos por la niebla silenciosa. Mi pequeña de cinco años, que recién despierta en el asiento trasero, pregunta embelesada si llegamos a las nubes. Su mamá y yo no resistimos la tentación de decirle que sí.

La neblina; la humareda blanca que despide la sopa caliente; la estela que dejan los aviones, barcos y trenes de vapor; el vaho que exhalamos cuando hace mucho frío; el "humito" que a veces despide el hielo; el vapor de la ducha caliente; las nubes en el cielo. Todos estos fenómenos visibles son prácticamente lo mismo: agua en estado líquido.

Leíste bien: agua en estado líquido. Así que aquí aprovecharemos para aclarar una confusión con el nombre que usamos por costumbre y aquél que es propio de la terminología científica. Me refiero al llamado vapor de agua.

Le decimos vapor a esas humaredas, nubes o estelas blancas en que se convierte el agua tras hervir o simplemente cuando está muy caliente. El error es creer que este llamado vapor es agua en estado gaseoso. No lo es, tal como no lo son la niebla ni las nubes en el cielo. En todos los casos se trata de agua en estado líquido, en gotas tan finas y ligeras que quedan suspendidas en el aire o inclusive ascienden con él. El conjunto de estas gotas finísimas es apreciable como ese humo blanco o algodón flotante al que llamamos coloquialmente vapor, pero que técnicamente no lo es.

El vapor de agua propiamente dicho corresponde al agua en estado gaseoso. Sus moléculas están tan separadas que no forman gotas. El auténtico vapor de agua, tal como lo entienden los científicos, es invisible y no huele a nada. Su presencia en el aire es lo que conocemos como humedad del ambiente y, cuando la temperatura baja, puede condensarse (pasar al estado líquido) para formar esas pequeñísimas gotas que, juntas, ya son visibles como niebla, nubes, o el vaho que exhalamos.

Si la temperatura baja lo suficiente, este vapor de agua puede condensarse ante el simple contacto con un cristal y empañarlo o dejarlo empapado. Si se trata de una nube en el cielo, la baja de temperatura puede hacer que las minúsculas gotas flotantes que la componen se junten, se engrosen, se oscurezcan, y por el peso terminen cayendo como lluvia, nieve o granizo.

Cuál es la diferencia entre nubes y niebla

Pese a los inconvenientes que provoca la niebla al limitar la visibilidad, muchas personas gustan del espectáculo que los hace sentir que están entre nubes. Y es que en cierta manera así es. Y no es que las nubes desciendan de vez en cuando, como probablemente llegó a creerse. La niebla es una nube formada al nivel del suelo. Para que el fenómeno suceda, es necesario que exista humedad del ambiente elevada (vapor de agua), baja temperatura en la superficie que provoque la condensación de este vapor, y muy poco o nada de viento que pudiera dispersar las partículas de agua que forman la niebla.

La diferencia entre nubes y niebla consiste en la altura donde sucede su formación y, por consecuencia, en los detalles del proceso. Las temperaturas que condensan la humedad en la atmósfera pueden ser lo suficientemente bajas (a diferencia de la superficie) para provocar una condensación súbita que resulte en la formación de mini cristales de hielo. En este caso la nube es un conjunto de partículas de agua en estado sólido.

Otra diferencia es el efecto de los vientos y de las diferentes corrientes de aire, con diferente temperatura, que tienen lugar en la atmósfera, sobre la forma, coloración y disposición de las nubes en el cielo, mientras que la niebla, como ya dijimos, requiere de cierta baja temperatura y que no sople el viento.

Una diferencia más resulta de observar que en las nubes pueden producirse (y de hecho se producen) importantes cargas eléctricas. Esto se debe a fenómenos que hoy se siguen investigando, en los que interviene el hielo, la proximidad del sol, la fricción y la ionización de partículas, que aparentemente no se dan a nivel del suelo, aunque sus efectos sí que se reciben aquí en la forma de rayos y relámpagos.

martes, 15 de junio de 2021

Por qué es tan famoso Benito Juárez ...y qué le hizo el viento


 Entre los días de asueto oficiales en México sólo hay uno que corresponde a un cumpleaños: el 21 de marzo, aniversario del natalicio de Benito Juárez.

El dictador italiano durante la Segunda Guerra Mundial, Benito Mussolini, fue nombrado así por su padre, un hombre sumamente informado y politizado, en honor al expresidente mexicano Benito Juárez.

La ciudad de Cholula, en Puebla, fue denominada Cholula de Rivadavia por el congreso estatal en 1895, en honor al prócer argentino Bernardino de Rivadavia, como una forma diplomática de corresponder a que en Buenos Aires se dio a una de sus principales avenidas el nombre de Benito Juárez.

Y en México, existen ocho municipios y 60,148 calles con el nombre de Benito Juárez, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Y no llevamos la cuenta de colonias, unidades habitacionales, monumentos, parques, mercados, teatros, estadios, escuelas, universidades y otros espacios públicos con su nombre a lo largo y ancho de la nación. También es llamado así el primer (y durante muchos años único) aeropuerto internacional de México, ubicado en la capital del país.

Agreguemos que el retrato del estadista oaxaqueño no ha dejado de estar presente en estampillas postales, billetes y monedas mexicanas de diversa denominación desde 1957.

Sin temor a equivocarnos, Juárez es el expresidente mexicano mejor posicionado en el ámbito mundial.

El motivo de esta fama debería ser comentado fácilmente por cualquier alumno de educación primaria. Benito Juárez ha sido un héroe en los libros de texto gratuito durante décadas, si bien también ha jugado el papel de demonio en no pocas escuelas privadas de corte religioso durante el siglo pasado.

Empecemos diciendo que Benito Juárez García es, de entre quienes han ocupado la presidencia de México, la persona que comenzó su carrera desde más abajo. Perteneciente a la etnia zapoteca, nació en 1806 de padres dedicados a labores del campo. Tras quedar huérfano a los tres años, fue asistido por distintos parientes hasta que a los doce, sin saber leer ni hablar español y siendo un pastor de ovejas, decide huir hacia un lugar menos rural donde poder recibir algún tipo de educación formal, pues estaba convencido que sólo los estudios lo harían progresar.

En este sentido, Juárez es ejemplo de obsesión encauzada. Su afán por estudiar lo llevó a aprovechar cuanta oportunidad se le presentó, a ser autodidacta cuando así le convino, e inclusive a ingresar a un seminario, a pesar de carecer de vocación religiosa, logrando que le dispensaran algunos requisitos que entonces eran requeridos, como poseer bienes y tener el español como lengua materna. No es extraño que en las escuelas se tome a Juárez como ejemplo a seguir.

Sabemos hasta dónde llegó don Benito gracias al estudio: fue licenciado en Derecho (lo que implica que, para la época, leía textos en latín, inglés y francés), defendió los derechos de las comunidades indígenas y a la postre siguió una brillante carrera política: gobernador del estado de Oaxaca; presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; y presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Otro motivo de su fama fue el entorno histórico de su presidencia y el papel que le tocó jugar. Primeramente la guerra de Reforma, que culminó con la separación de Iglesia y Estado, con el consecuente debilitamiento rotundo del poder político y económico que la Iglesia tenía desde el virreinato y que persistió aun después de consolidada la independencia.

Luego, la guerra con Francia (1862) gobernada entonces por Napoleón III. Fue en este contexto que se suscitó la famosísima batalla del 5 de mayo en Puebla. Fue precisamente al presidente Juárez a quien el general Zaragoza rendía cuentas esa vez. En este episodio de la historia nacional, se llegó al punto de tener dos gobiernos en pugna: el del emperador Maximiliano, impuesto por Francia y apoyado por un sector conservador de México, y el de la República, liderado por Juárez, quien finalmente triunfa, con el modelo de Estado que prevalece hoy.


¿Y qué le hizo el viento a Juárez?

Decir que algo o alguien le hace a uno "lo que el viento a Juárez", significa que no le hace mayor daño. Es una frase antigua cuyo origen no está perfectamente claro.

En el libro biográfico Un indio zapoteco llamado Benito Juárez, de Fernando Benítez, se cuenta que, de niño, Juárez subió a una balsa con unos amiguitos para navegar en un cuerpo de agua, cuando el clima se puso adverso y el viento hizo desistir a todos, menos al futuro presidente. Ésa es una teoría del origen de la frase.

Personalmente, creo que la frase tiene tintes de humor. Don Benito Juárez, por naturaleza, probablemente gozaba de una melena más bien rebelde. Y probablemente no solo era obsesivo a la hora de alcanzar sus metas, sino en proyectar una imagen seria y ejemplar. Así que sin duda este hombre, bajo de estatura, se peinaba con los fijadores de cabello propios de la época: aceites vegetales o minerales con perfume. Si algo tenemos claro quienes hemos visto la sobria efigie del héroe nacional, es que no tenía un cabello fuera de su lugar. Ni siquiera en su retrato pintado en el que sostiene una bandera que ondea por el viento.

Es decir, a Juárez el viento no le hacía lo que a cualquier otro mortal: despeinarlo.


lunes, 14 de junio de 2021

Qué tan difícil es ganar el "Melate" II


 Los sorteos tipo "Melate" tienen un atractivo especial. Poder elegir los números con que se participa brinda una sensación de control que no tiene la lotería tradicional. En ésta, el cliente escoje el número para jugar de entre los disponibles en el expendio, conformándose con la posibilidad de elegir, si acaso, la terminación de un número de cinco o seis cifras.

En el Melate, el apostador puede, si le da la gana, usar números asociados con su cumpleaños, el de sus hijos, el que soñó repetidamente en la semana, el que oyó decir a su astróloga de confianza, o bien usar cualquier método que le proporcione seis números entre el 1 y el 56.

La vinculación que existe entre el jugador y sus números aporta una sensación de control importante que no tienen otros sorteos, si acaso las apuestas en contiendas deportivas, los "volados" o el "piedra-papel o tijeras". Al menos en el caso de las primeras, el control relativo está justificado en el conocimiento que el apostador tiene de las circunstancias y capacidades de los contendientes y le favorecerá cualquier información al respecto que otros apostadores no posean. ¿La sensación de control que tiene el comprador de Melate se justifica en algo más aparte de la libre elección de sus números?

La respuesta a la pregunta anterior es afirmativa para quienes son afines al pensamiento mágico y para quienes desconocen o no tienen muy claro cómo funciona el azar y esa rama de las matemáticas llamada Probabilidad.

Siempre que la celebración del sorteo de números del Melate se efectúe en las condiciones idóneas, daremos por hecho que todos los resultados posibles tienen la misma probabilidad de ocurrir, así como cada uno de los seis resultados posibles de lanzar un dado tienen la misma probabilidad de darse.

Si preguntaras a varias personas cuál de las siguientes combinaciones de números tiene más probabilidad de salir en un sorteo de Melate, la mayoría te contestará que la segunda.

La percepción común del funcionamiento del azar no suele corresponder con la realidad. Ambas combinaciones de números tienen la misma probabilidad de darse y si la primera de ellas parece tener una probabilidad de casi cero, es porque así es. Y la segunda tiene una probabilidad idéntica, aunque no nos lo parezca.

Así que, después de tanto ir y venir, voy a decirte cuál es la probabilidad de ganar el premio mayor del Melate, empezando por decirte algo crucial: cuántas combinaciones posibles de seis números existen entre el 1 y el 56. ¿Estás lista o listo?

Son 32,468,436 (treinta y dos millones, cuatrocientos sesenta y ocho mil, cuatrocientas treinta y seis) combinaciones posibles.

¿Cómo lo sé? ¿Me puse a escribirlas y luego las conté? No, claro. Existe una fórmula matemática diseñada para calcular combinaciones de este tipo. Créeme, ésa es la cantidad.

El valor de la probabilidad de acertar, jugando una combinación, puede expresarse así:

Una en 32,468,436.

Probabilidad de 0.000000030799...

Probabilidad del 0.0000030799%

Como se vuelve difícil visualizar magnitudes tan pequeñas, te voy a poner un ejemplo hipotético que nos ayudará a "ver" lo difícil o fácil que es acertar a una combinación de seis números del sorteo.

Supongamos que cada combinación posible de seis números de Melate está impresa en una pieza del juego Jenga (espero que lo conozcas; es ése donde apilan tablitas de madera o plástico haciendo pisos de tres en tres para formar una torre).

Las piezas tienen el tamaño tradicional de las que venden en la juguetería, con un espesor (la altura de cada "piso" de la torre) de 1.5 cm. y las colocamos, como debe ser, de tres en tres.

Una de las tablitas tiene una pequeña leyenda aparte de la combinación de números. Dice: "felicidades, ganaste". No tenemos manera de saber cuál es una vez que esté colocada en la torre. Puede ser cualquiera. Las demás dicen "gracias por participar".

Ya formada, esta torre de Jenga tendría una altura de 162 kilómetros, 342 metros y 18 centímetros. El monte Everest (medido desde su base, no desde el nivel del mar) cabría un poco más de 32 veces en esa altura.

Técnicamente, la torre no llegaría al espacio exterior, pero sobrepasaría por mucho la capa de ozono y llegaría a la última capa de la atmósfera (la ionosfera).

Pese a lo que te digan o leas en la Internet, la única manera de aumentar la probabilidad de ganar en un sorteo es aumentar la cantidad de boletos que poseas de ese sorteo. En el caso del Melate, la probabilidad de ocurrir que tiene cada combinación es tan baja que seguirá siendo muy cercana a cero aunque la multipliques comprando muchas combinaciones.

Ahora te preguntarás, si es así de difícil ganarse el Melate, cómo es que ha habido ganadores. No tengo la cifra exacta, mas basándome en mi experiencia, por cada sorteo con ganador, pasan ocho o diez sin ganador, más o menos. El hecho es que muchas personas juegan. Y la probabilidad de que alguien acierte va aumentando conforme pasan sorteos sin ganador porque el premio va subiendo más y más, hasta que en algún punto es muchísima la gente atraída, la cual además se anima a comprar más de una combinación. Inclusive se participa de manera grupal para poder adquirir la mayor cantidad de combinaciones posible, y esto aumenta sustancialmente la probabilidad de que alguien acierte.

Pero no pierdas de vista que la probabilidad de que alguien cualquiera acierte no es la misma probabilidad de que alguien en particular acierte.

Cuando se juega un "volado", la probabilidad de que cualquiera de los dos participantes acierte al cara o cruz es del 100%. La probabilidad de que tú en particular aciertes es y seguirá siendo del 50%.



domingo, 13 de junio de 2021

Qué tan difícil es ganar el "Melate" I

 Millones de personas en el mundo desean, piden con fervor, visualizan, decretan o simplemente albergan el anhelo de sacarse la lotería algún día. Unos son constantes en comprar boletos. Otros hacen rituales. Hay quienes creen que existen estrategias matemáticas para aumentar la probabilidad de acertar.
¿Qué tan difícil es ganar la lotería, y mejor aún, el famoso"Melate", que tiene el atractivo de un premio mucho más jugoso por el precio de un boleto relativamente barato y en el cual, además, podemos escoger los números libremente?

Ésta es una pregunta relacionada con una rama de las matemáticas conocida como Probabilidad.

Los matemáticos suelen decir que la probabilidad es un valor entre cero y uno (por ejemplo, 0.5), donde cero significa la certeza de que cierto evento no ocurrirá, y uno significa la certeza de que sí ocurrirá. Todos los demás valores posibles que están entre ellos implican probabilidad sin certeza.

¿Cuál es la probabilidad de acertar al resultado de lanzar una moneda? Como en este caso solo hay dos resultados posibles (cara o cruz, suele decirse, o águila o sol, en nuestro país) y ambos tienen la misma oportunidad de ocurrir (siempre y cuando la moneda sea normal y nadie haga trampa, claro), la probabilidad de acertar es de 0.5. Es decir, exactamente la mitad. El valor resulta de dividir 1 entre 2, porque hay precisamente solo dos resultados posibles (vamos, que la moneda caiga de canto está descartado, ¿bueno?).

¿Cuál es la probabilidad de ganar en un "piedra papel o tijeras"? Aquí, dicha probabilidad es un poco menor porque hay tres posibles resultados: ganar, perder y empatar. Cada resultado tiene un tercio (1/3) de probabilidad. El valor numérico es 0.333...

¿Cuál es la probabilidad de acertar al predecir el resultado de lanzar un dado? Si entendiste el razonamiento anterior, estarás de acuerdo que en este caso la probabilidad es de 1/6. Es decir, un valor de 0.166666... pues un dado puede darnos seis resultados posibles distintos.

Mientras más resultados posibles existan, menor es la probabilidad de que ocurra uno de ellos en particular.

Aunque el razonamiento de todo esto es sencillo, los cálculos se pueden ir complicando más y más, dependiendo del evento. Por ejemplo, si aumentamos la cantidad de dados o monedas que se lanzan. Pero aquí no queremos ir tan lejos, sino saber qué tan difícil es ganar el "Melate", juego de apuesta popular en muchos países (cada cual con su propio nombre) que consiste en elegir seis números entre el 1 y el 56. Esto es, que dando por hecho que la probabilidad de acertar en la predicción del resultado tiene un valor bajo, deseamos saber qué tan bajo realmente es, conociendo cuántos resultados posibles hay en ese sorteo en particular.

Empecemos viendo un sorteo más sencillo: en tu clase de ciencias, el profesor rifará un paquete de galletas entre todos los alumnos del salón, que son 45. Para hacerlo, mete 45 papelitos doblados con sus respectivos nombres en una pecera y procede a revolverlos. A continuación, a ciegas alguien introduce su mano y toma un papelito; el nombre que aparece en él es el ganador y ya está. Supondremos que la oportunidad de ser elegido es la misma para todos. Por lo tanto, el valor de la probabilidad de que tú te lleves las galletas sera de 1/45. Es decir, 0.02222... lo que puede decirse de diferentes maneras:

La probabilidad es de uno en 45.

La probabilidad es de 0.02222...

La probabilidad es del 2.222... por ciento (2.2222%).

Cada quien puede elegir cómo decirlo, dependiendo de que así pueda tener una mejor idea o visualizar el tamaño de la probabilidad.

Los sorteos que se realizan en nuestro país deben cumplir varios requisitos legales. Uno de ellos es informar al participante del número de boletos emitidos para cada sorteo en particular, colocando dicha información impresa en el boleto que se lleva el comprador. Conocer ese dato es útil porque ayuda a tener idea del tamaño de la probabilidad de ganar y eso podría ayudar a decidir si se compra el boleto o no. 

Normalmente, mientras más baja es la probabilidad de acertar, más grande es el premio esperado. Así funciona y suena lógico, ¿verdad?

En el llamado Sorteo Mayor de la Lotería Nacional, que suele celebrarse semanalmente en nuestro país, partcipan por lo general 60,000 números, por lo que, si compras solo uno, la probabilidad de ganar el premio mayor (porque también hay premios menores) puede decirse de las siguientes maneras:

Uno en sesenta mil.

Probabilidad de 0.00001666...

Probabilidad del 0.001666... %

¿Te parece una probabilidad baja? Supongo que sí. A mí me parece muy baja: ya se acerca mucho al cero.

¿Y qué pasa con el Melate? Bueno, como esta entrada ya quedó muy larga y tiene información para pensar, te hablaré del Melate en el siguiente posteo.

jueves, 10 de junio de 2021

Por qué se da propina en el restaurante


 De niños, cuando estamos creando una lógica propia, la costumbre de mamá o papá de dar propina en el restaurante parece un disparate, si se supone que ya se está pagando la cuenta, que ésta incluye los alimentos, el servicio, y que el camarero tiene su sueldo. Sobre todo cuando ese extra no pareciera obligatorio y pudiera destinarse a algo más provechoso, como comprarnos un juguete o alguna golosina.

El hecho es que mientras hay países donde la propina no se practica y hasta podría interpretarse como ofensa, en muchos otros, incluido el nuestro, se trata de una institución.

Dependiendo de la costumbre local, el porcentaje de la cuenta que suele representar la propina puede variar del 10 al 50 y, según leí alguna vez, también influye que el pagador vaya solo o acompañado, si va con alguien del sexo opuesto o si la comida es un medio de socialización o de negocios. En pocas palabras, la propina puede ser un medio para crearse una imagen ante los demás y, claro, ante sí mismo.

En la magnitud de la propina también influye que quien atiende al comensal sea de su mismo o del sexo opuesto, su edad, atractivo, si hace contacto visual e inclusive contacto físico de manera sutil, y si hace cosas como dibujar una carita feliz en la nota. También se sabe que un mesero empático y conversador podría obtener más que uno silencioso aunque fuera más veloz.

La propina no deja de tener además, desde luego, ese propósito (que debería ser el más lógico) de recompensa o agradecimiento con el que se premia el buen desempeño y se desestimula la incompetencia.

No obstante lo anterior, los efectos más interesantes de esta práctica son los económicos. A nadie escapa que la propina juega un papel importante en las finanzas del restaurante. Algunas cartas con el menú llevan una leyenda impresa que advierte sutilmente de la necesidad de recibir este extra, al dejar claro que en los precios la propina no está incluida.

El cliente que se salta este convencionalismo vital, deja en desventaja, en última instancia, a los empleados del restaurante en su conjunto (pues la propina normalmente se entrega al superior para que éste la reparta entre todos los empleados y no se la quede únicamente el camarero). En general, los sueldos de quienes laboran en el restaurante son lo suficientemente bajos para que la propina se convierta en una especie de compensación. Es más, en ciertos lugares donde las propinas tienden a ser altas o abundantes, es probable que la o el camarero no tenga sueldo alguno o que, descaradamente, se le exija una cuota diaria por brindarle el trabajo y además se le cobren las servilletas de papel rotuladas que éste da a los clientes, tal como le sucede al taxista que no es dueño del vehículo que maneja, quien además cubre por su cuenta los gastos de combustible.

Curioso es, por otro lado, que legalmente, al menos en México, queda claro que el consumidor nunca está obligado a dar propina y que la solicitud expresa y contundente de ésta pudiera caer en la ilegalidad. Y, desde luego, para efectos de impuestos, el pago mencionado no es deducible. Es decir, no se puede restar de lo que uno ganó para pagar un poquito menos de impuestos.

Por qué los huelguistas en Estados Unidos caminan en círculo con sus pancartas

  Las formas de manifestar apoyo o descontento con alguien o algo de manera pública y grupal alrededor del mundo son variadas. Sin embargo, ...