Si quisiera experimentarlo a propósito, no podría. ¿Quién es capaz de pegar un salto estando acostado? Bueno, yo y mucha gente podemos, pero no a voluntad. Suele ocurrir cuando estamos al borde del sueño, y el fenómeno se acompaña con la alucinación de que caemos en un precipicio insondable o simplemente de que tropezamos al andar. El sobresalto, desde luego, nos despierta.
Las sacudidas hípnicas, nombre técnico del fenómeno, son muy comunes, aunque por algún motivo, parece que a muchos les incomoda admitir que les pasa. Algo parecido a la rara vergüenza que se siente al caerse en público.
Estas sacudidas son un tipo de mioclon; o sea, un espasmo muscular involuntario (el hipo y los movimientos epilépticos, aunque no tengan nada qué ver, también son mioclones), cuyo origen aun no se determina con seguridad, por lo que prestamos atención a distintas teorías.
Podría ser que cuando estamos a punto de dormir, en esa zona ambigua donde se juntan las aguas del lago de la vigilia con las del mar del sueño, la paulatina relajación del cuerpo toma por sorpresa a la parte de la mente que permanece consciente; por lo que, al percibir que el cuerpo se "suelta", ésta reacciona con un reflejo ante la posible ausencia de un soporte adecuado. Es lo que sucede con los familiares "cabeceos" que produce el sueño en quien se resiste a quedarse dormido, durante la interesante conferencia del profesor de matemáticas a las 3:00 de la tarde. Este reflejo provocaría la alucinación o ensueño de la caída al vacío en la parte de la mente que ya casi está dormida.
Los partidarios de tal teoría señalan una causa evolutiva para esta peculiar reacción del cerebro. Es así: nuestros antepasados primates habrian dormido en las ramas de los árboles para estar a salvo de sus depredadores y, tras millones de años de evolución, nosotros quizás conservamos ese botón de alerta para actualizar la postura del cuerpo ante el peligro de caer del árbol en el que dormimos. O, mejor dicho, en el que dormía nuestro remoto antepasado, ya bastante ciscado tras la última caída del ahuehuete que le dejó sin dos dientes y una caricia del tigre dientes de sable que se acercó a ver qué había pasado.
Otra teoría nos advierte que la sacudida hípnica es consecuencia y no causa del ensueño en el que percibimos que nos caemos al vacío. En ese caso, los movimientos del cuerpo serían los propios de quien se cae, con todo y el miedo, lo que convierte a la sacudida en una conducta de sonambulismo que se trunca por el súbito despertar de quien lo vive. Es decir, así como hay personas que hablan dormidas porque están soñando que conversan; o gente que se levanta dormida y deambula por la habitación buscando algo porque sueña precisamente que perdió un objeto, habrá quienes salten horizontalmente en el lecho porque sueñan que dieron un paso cuando el suelo desapareció de pronto.
¿Qué explicación te convence a ti?