martes, 15 de junio de 2021

Por qué es tan famoso Benito Juárez ...y qué le hizo el viento


 Entre los días de asueto oficiales en México sólo hay uno que corresponde a un cumpleaños: el 21 de marzo, aniversario del natalicio de Benito Juárez.

El dictador italiano durante la Segunda Guerra Mundial, Benito Mussolini, fue nombrado así por su padre, un hombre sumamente informado y politizado, en honor al expresidente mexicano Benito Juárez.

La ciudad de Cholula, en Puebla, fue denominada Cholula de Rivadavia por el congreso estatal en 1895, en honor al prócer argentino Bernardino de Rivadavia, como una forma diplomática de corresponder a que en Buenos Aires se dio a una de sus principales avenidas el nombre de Benito Juárez.

Y en México, existen ocho municipios y 60,148 calles con el nombre de Benito Juárez, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Y no llevamos la cuenta de colonias, unidades habitacionales, monumentos, parques, mercados, teatros, estadios, escuelas, universidades y otros espacios públicos con su nombre a lo largo y ancho de la nación. También es llamado así el primer (y durante muchos años único) aeropuerto internacional de México, ubicado en la capital del país.

Agreguemos que el retrato del estadista oaxaqueño no ha dejado de estar presente en estampillas postales, billetes y monedas mexicanas de diversa denominación desde 1957.

Sin temor a equivocarnos, Juárez es el expresidente mexicano mejor posicionado en el ámbito mundial.

El motivo de esta fama debería ser comentado fácilmente por cualquier alumno de educación primaria. Benito Juárez ha sido un héroe en los libros de texto gratuito durante décadas, si bien también ha jugado el papel de demonio en no pocas escuelas privadas de corte religioso durante el siglo pasado.

Empecemos diciendo que Benito Juárez García es, de entre quienes han ocupado la presidencia de México, la persona que comenzó su carrera desde más abajo. Perteneciente a la etnia zapoteca, nació en 1806 de padres dedicados a labores del campo. Tras quedar huérfano a los tres años, fue asistido por distintos parientes hasta que a los doce, sin saber leer ni hablar español y siendo un pastor de ovejas, decide huir hacia un lugar menos rural donde poder recibir algún tipo de educación formal, pues estaba convencido que sólo los estudios lo harían progresar.

En este sentido, Juárez es ejemplo de obsesión encauzada. Su afán por estudiar lo llevó a aprovechar cuanta oportunidad se le presentó, a ser autodidacta cuando así le convino, e inclusive a ingresar a un seminario, a pesar de carecer de vocación religiosa, logrando que le dispensaran algunos requisitos que entonces eran requeridos, como poseer bienes y tener el español como lengua materna. No es extraño que en las escuelas se tome a Juárez como ejemplo a seguir.

Sabemos hasta dónde llegó don Benito gracias al estudio: fue licenciado en Derecho (lo que implica que, para la época, leía textos en latín, inglés y francés), defendió los derechos de las comunidades indígenas y a la postre siguió una brillante carrera política: gobernador del estado de Oaxaca; presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; y presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Otro motivo de su fama fue el entorno histórico de su presidencia y el papel que le tocó jugar. Primeramente la guerra de Reforma, que culminó con la separación de Iglesia y Estado, con el consecuente debilitamiento rotundo del poder político y económico que la Iglesia tenía desde el virreinato y que persistió aun después de consolidada la independencia.

Luego, la guerra con Francia (1862) gobernada entonces por Napoleón III. Fue en este contexto que se suscitó la famosísima batalla del 5 de mayo en Puebla. Fue precisamente al presidente Juárez a quien el general Zaragoza rendía cuentas esa vez. En este episodio de la historia nacional, se llegó al punto de tener dos gobiernos en pugna: el del emperador Maximiliano, impuesto por Francia y apoyado por un sector conservador de México, y el de la República, liderado por Juárez, quien finalmente triunfa, con el modelo de Estado que prevalece hoy.


¿Y qué le hizo el viento a Juárez?

Decir que algo o alguien le hace a uno "lo que el viento a Juárez", significa que no le hace mayor daño. Es una frase antigua cuyo origen no está perfectamente claro.

En el libro biográfico Un indio zapoteco llamado Benito Juárez, de Fernando Benítez, se cuenta que, de niño, Juárez subió a una balsa con unos amiguitos para navegar en un cuerpo de agua, cuando el clima se puso adverso y el viento hizo desistir a todos, menos al futuro presidente. Ésa es una teoría del origen de la frase.

Personalmente, creo que la frase tiene tintes de humor. Don Benito Juárez, por naturaleza, probablemente gozaba de una melena más bien rebelde. Y probablemente no solo era obsesivo a la hora de alcanzar sus metas, sino en proyectar una imagen seria y ejemplar. Así que sin duda este hombre, bajo de estatura, se peinaba con los fijadores de cabello propios de la época: aceites vegetales o minerales con perfume. Si algo tenemos claro quienes hemos visto la sobria efigie del héroe nacional, es que no tenía un cabello fuera de su lugar. Ni siquiera en su retrato pintado en el que sostiene una bandera que ondea por el viento.

Es decir, a Juárez el viento no le hacía lo que a cualquier otro mortal: despeinarlo.


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