miércoles, 6 de julio de 2022

¿Es Santa Claus un santo normal?

 La santidad es un concepto incluido por varias religiones. La palabra proviene del latín sanctus; en griego,  ἁγίος (hagíos); en hebreo qadoš: elegido o bien diferenciado, distinguido.

Es una manera de dar a entender que algo o alguien es cercano a la deidad. Al Vaticano, por ejemplo, le nombran Santa Sede. Al papa, Santo Padre.

Existe también el llamado santoral de la Iglesia Católica, conformado por una serie de hombres y mujeres que cuentan con la declaración de santidad, y se les tiene asignado un día del año para ser conmemorados.

En los inicios del cristianismo se decía santo a cualquiera que abrazaba la nueva religión. De hecho, se declaraban santas poblaciones enteras cuando los apóstoles las evangelizaban. Se consideraba que todas las personas están llamadas a la santidad; el bautismo ya era el gran paso en esa dirección.

Sin embargo, en algún momento la categoría de santo se reservó para hombres y mujeres cuya vida podía ser ejemplar de buen cristiano. Así, los primeros santos en esta etapa fueron los apóstoles, profetas y María, la madre de Jesús.

En los primeros siglos de la era cristiana, en el imperio romano no era fácil ser cristiano. Había persecución. A muchos los torturaron y asesinaron. Esto cambió en el año 312, cuando se contó con el apoyo del emperador Constantino, convertido al cristianismo.  Así, en los siglos IV y V, comenzó algo inédito y hasta escandaloso: se sacaron los cadáveres de varios mártires cristianos de las catacumbas (que estaban fuera de las ciudades) y fueron alojados en llamativos templos dedicados a ellos (dentro de las ciudades), con lo que comenzó la devoción a estas personalidades, las cuales se pretendía fueran tomadas como modelo de comportamiento a seguir.

Sin embargo, la gente muy pronto pasó por alto la intención original y asimiló el nuevo modelo a sus antiguas prácticas paganas politeístas. Así, los santos se convirtieron más bien en protectores de sus devotos y en los intermediarios para obtener todo tipo de favores. Y además de los mártires, pasó lo mismo con los restos mortales de cristianos que habían renunciado a la vida normal para vivir aislados y/o recluidos en oración, y de obispos que gozaron del afecto de sus fieles por su entrega. Ejemplo de lo último fue San Nicolás de Bari, obispo oriundo de Licia (en la actual Turquía), que gozó de gran simpatía en el siglo VI.

Las anécdotas milagrosas atribuídas a este obispo en vida y tras su muerte lo elevaron a la categoría de santo de la manera en que se hacía en el cristianismo primitivo: por iniciativa de los fieles y con el visto bueno del obispo local, se construía un templo, se depositaban ahí sus restos y comenzaba el culto. No existía la beatificación ni la canonización por parte del papa, pues estos trámites no se implementaron hasta el siglo XII.

La festividad de San Nicolás de Bari es el 6 de diciembre y se le considera patrono de los niños (a quienes procuraba y daba regalos) y de los marineros, entre otros. Es especialmente celebrado en los Países Bajos con fiesta nacional y toda la cosa.

Antes de seguir, toma nota de ésto: los Países Bajos es el nombre de un solo país; de hecho, un reino (Netherlands, que solíamos llamar Holanda; su capital es Amsterdam; su gentilicio es neerlandés) que se encuentra en la parte central de Europa.

El nombre de San Nicolás en neerlandés es Sinterklaas (forma popular de Sint-Nikolaas). En suizo es Santiklaus.

La tradición de la festividad de este santo llegó al continente americano en el siglo XVII con los inmigrantes holandeses que fundaron el poblado de Nueva Amsterdam, que luego se convirtió en la ciudad de Nueva York.

Habrían de pasar muchos años para que se hablara de Santa Claus.

El concepto de San Nicolás de Bari y su festividad ubicada en la primera semana de diciembre fue bien recibido por los americanos, sobre todo porque ya existía la tradición neerlandesa de que este santo se hacía presente durante la noche previa a su festejo e iba por los tejados metiendo regalos para los niños por las ventanas o las chimeneas. Al parecer se transportaba a caballo y contaba con algunos ayudantes. El concepto era demasiado atractivo para ser aprovechado por algunos poetas y cuentistas del Nuevo Mundo, ávidos de crear personajes, canciones y relatos alusivos a la Navidad. La pronunciación Sinterklaas o Santiklaus finalmente derivó en Santa Claus.

El aspecto y vestimenta que asociamos con el actual Santa Claus es una combinación de los íconos europeos de San Nicolás de Bari y los trabajos de ilustradores de libros infantiles y tarjetas navideñas a principios del siglo XX, basados en las descripciones parciales que fueron aportando los escritores.

Entre las obras creadas estaba la de Frank L. Baum (autor de El mago de Oz), publicada en 1902: La vida y las aventuras de Santa Claus, donde se narra cómo éste se convirtió en santo y cómo adquirió la misión y los poderes que le permiten cumplirla cada año en la Nochebuena.







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